Cambio de rumbo (1)

dineroLos tiempos de estabilidad son ya cosa el pasado. La lucha por la viabilidad de la empresa requiere ahora un tipo de liderazgo distinto, capaz de tomar con diligencia decisiones estratégicas, organizativas y operativas, contando con limitada información.

Hay que reconfigurar los negocios para estar preparados para lo que pueda sobrevenir. El objetivo es resurgir en mejor forma que antes, sirviendo a los clientes de manera diferente, estableciendo unas nuevas reglas de juego.

Repasaré en próximas notas algunos aspectos claves para la gestión en tiempos turbulentos. Seguro que en muchos casos se corresponden con iniciativas que ya has puesto en marcha. Te servirán entonces de recordatorio, y si no fuera así, te orientarán respecto a decisiones urgentes a tomar.

 

La tesorería.

Si sobreestimas lo bien que te irán los negocios, te acomodarás y no adoptarás medidas de necesaria prudencia. Has de prepararte para el peor de los escenarios imaginables. Incluyendo la imposibilidad de acceder al crédito.

El principal reto es asegurar la disponibilidad de liquidez. El mejor indicador, el dinero en la cuenta. Necesitas contar con los recursos suficientes para la “travesía del desierto” y deberás de hacer un seguimiento diario de su disponibilidad.

Recuerda que obtienes liquidez de tres fuentes internas: La venta de tus productos o servicios,  el fondo de maniobra y la venta de activos.

La gestión de la tesorería ha de ser tal que permita recuperar el dinero lo más rápidamente posible, obligándote a reducir existencias, cobrando las ventas de inmediato, cerrando alguna línea de producción, eliminando algún canal de distribución, vendiendo activos prescindibles… No se trata de gestionar ahora la rentabilidad sino de generar efectivo.

La información de la situación financiera ha de estar actualizada: Los saldos de tesorería cada día, las existencias y cuentas de clientes semanalmente. Los presupuestos revisados y rehechos cada mes para ganar en flexibilidad y capacidad de respuesta a las nuevas circunstancias. Habrá que corregir los excesos de los buenos tiempos.

Respecto a los asuntos externos, deberás abandonar productos y prescindir de algunos clientes, dado que lo determinante ahora no es el crecimiento de las ventas y beneficios. Aquellos menos rentables, los que servían para completar la capacidad, serán los primeros en caer.

Internamente, habrás de simplificar la organización eliminado toda redundancia y empezando por los niveles directivos. Los despidos masivos no son nunca una buena solución. Puedes perder los activos más valiosos y difíciles de sustituir y además te costarán mucho dinero.

En todo caso, las decisiones sobre clientes, productos y personal estarán orientadas por el cumplimiento de la misión a largo plazo.